No recuerdo el momento exacto en el que empecé a mirar mi cuerpo con otros ojos. Pero sí recuerdo todos los momentos en los que no lo hice. Recuerdo sentirme incómoda, compararme, esconder partes de mí, buscar validación afuera. Recuerdo crecer viendo cuerpos que no se parecían al mío y pensar que eso era lo correcto, que eso era lo que había que alcanzar.
Este espacio nace de ahí. De esa historia que compartimos muchas, aunque la contemos poco.
Nace de los días en los que sentí que no encajaba, y también de los días en los que me miré al espejo con ternura.
Nace porque estoy cansada de los discursos vacíos sobre amor propio que no se sostienen en la realidad. Porque quiero hablar de lo que hay detrás de las imágenes que consumimos a diario: los estereotipos, los filtros, las comparaciones silenciosas, las exigencias que a veces ni siquiera cuestionamos.
Quiero hablar de sensualidad, pero no como la muestran las publicidades.
Quiero hablar de sensualidad como esa energía que nos atraviesa cuando nos sentimos libres, cuando nos conectamos con el cuerpo sin culpa ni vergüenza. Esa que aparece cuando elegimos desde el deseo propio y no desde lo que se espera de nosotras.
La sensualidad no tiene que ver con gustarle a los demás. Tiene que ver con gustarnos a nosotras mismas, con habitar nuestro cuerpo como casa y no como vitrina.
Este blog no es una guía. No tiene fórmulas, ni pasos.
Es un espacio para pensar juntas. Para desarmar ideas. Para recuperar la voz propia en un mundo que nos la quiere llenar de ruido.
Voy a escribir sobre autoestima, sí. Pero también sobre dudas, contradicciones, redes sociales, cuerpo real, placer, deseo, incomodidad y belleza imperfecta.
Porque lo que no se nombra no se transforma.
Y yo creo que es momento de empezar a nombrarlo todo.
Con amor, sensualidad y rebeldía — María Antonella